Al fin MCR en Sudamérica
Una semana es poco para muchas personas cuyas actividades del día a día los consumen, los agobian, o quizá los hagan felices. Pero una semana para nosotros nos puso a latir el corazón con una potencia que pocas veces hemos sentido.
Cuando vimos el primer «Return», toda esa sensación de que una parte de nosotros había vuelto se hizo tan real que quedó marcada en nuestras memorias. Ver a los Demolition Lovers, a Helena, los draculoids una vez más, nos llenó de una esperanza tan vívida que sabíamos que esta semana llegaría. Lo que jamás nos imaginamos es que llegaría de una forma tan grande y tan emocionante como sucedió. Los rumores nos picaban las orejas, nuestros dedos se movían en los teclados de nuestras computadoras o celulares escarbando por cada pieza de información existente. Y sabíamos que el Kia Forum nos quedaría corto, que el Tour Warped no sería nada comparado a esta gira, y que aquellas tocadas clandestinas en sus inicios sería lo único que se podría comparar para cualquier fanático que tuvo la oportunidad de vivirlas.
Es que no es un nuevo comienzo, pero sí una nueva experiencia. Una faceta que, para personas como yo, hemos dedicado más de la mitad de nuestras vidas a esta banda. A estos himnos. A esta idea.
A mí me llega en una semana muy emocional. El ejemplo de aceptación e inclusión que he sentido y apreciado de parte de la banda, especialmente de Gerard, sobre abrazar lo que otros marcan como mis defectos y que no me importe lo que otros digan, es muy retador. Justo días antes del día del Orgullo LGBTQ+, y a pocos de mi cumpleaños número 30, el tumulto de sensaciones sobre cumplir uno de mis más grandes sueños sólo tenía sentido si completaba ese paso: Verlos en vivo, de cerca, cantar a viva voz sus canciones y dejar que esa aceptación, comprensión, respeto e identificación que desde los 14 años sólo he encontrado en melodías que erizan nuestras pieles, se materialice.
Para nosotros fue un momento de duda e incertidumbre. ¿Cómo íbamos a conseguir algo que todos hemos deseado? Mi primera conversación con Mapy fue sobre ello. ¿Y si esto se vuelve enorme? ¿Y si no estamos tan escondidos como nos quieren hacer pensar? ¿Qué pasa si ellos vienen? A mis 15 años, poco podía asegurar sobre lo que hubiera hecho. Ella lo sabía mejor, y juntos nos pusimos a la búsqueda de esos sentimientos en otros corazones cuando en el 2010, otros killjoys aparecieron en nuestro camino.
En una reunión, junto a Diana y Jill, nos veíamos soñando con un gran concierto prometido para California 2019. La ambientación de un universo futurista donde podíamos ser los anti-sistemas del lado correcto de la historia luchando contra el control global de las cosas nos hacía vernos ahí, saltando eufóricos con nuestras camisetas recién hechas y pintadas con sus escudos. Sabíamos que queríamos estar presentes, en ese lugar, sin importar lo que cueste.
La llamada me sacó de onda. Como cuando sabes que esa llamada sólo significa problemas, que sólo puede significar algo malo. La voz ahogada del otro lado de la línea parecía haber arrancado las raíces de ese sueño de lo más profundo de mi corazón. El luto parecía inminente. 22 de marzo de 2013, sin tener idea de qué esperar. Para nuestra suerte, esa idea perduró. Para nuestra suerte, había una esperanza oculta que estaba por llegar.
Años más tarde, Sandra y yo nos pusimos al hombro explicar a otras personas este sentimiento. La emoción de ser un fan con la pasión de dedicar nuestro tiempo y esfuerzo a reunirlos a todos. Las risas y los llantos, las tardes de espera en los parques hasta que pase alguien que nos busque y nos encuentre, el frío y el calor. Ella y yo también coincidíamos que nosotros teníamos que estar al frente, todos tomados de la mano mientras el alma se nos deshacía en ríos en nuestros rostros. Esa fue la última vez que nos vimos, sin saber que sí habría una posibilidad.
La mañana del 25 de junio de 2025, tras una mala noche por la ansiedad y los nervios, estas manos se pusieron en conjunto. No se trató sólo de nosotros. Fue para todos. Los que se nos unieron en el camino, los que llegaron recién. Aquellos que durante años se desaparecieron y los que apenas estaban aprendiendo sus canciones. Los que estuvieron presentes la primera mitad y casi se nos pierden de vista, aquellos a quienes quisimos llamar y avisarles que este era el momento, que no se lo pierdan, que ellos no nos pueden faltar. Y los choques contra las paredes, las trabas y los errores de conexión a internet.
Cuando tuve ese atracón, parece que el universo obró a nuestro favor. ¿Y cómo no? Si esa idea se volvió una pasión y un tatuaje en lo más profundo de nuestros corazones, y que se cumpla el dicho de «Quiérelo tanto, que el universo te lo dé para que no molestes más». Mi cuerpo entero conoció el frío suelo de concreto, pero lleno de la calidez de esa emoción, del sueño, de la meta.
Estamos en la última vuelta. Más de la mitad de nuestra existencia entrenando como guerreros, gladiadores y amazonas, esperando este momento. Los clicks de más, el averiguar rutas de páginas web para conseguir una estrategia, el plan de no dejar a nadie atrás, solo fueron el calentamiento. Estaremos en enero al fin en el escenario más grande de nuestras vidas. Y sí, nosotros estaremos en ese mismo escenario junto a ellos hasta que las voces se apaguen y hasta que no quede una sola gota de agua en nuestros cuerpos. Por Bob lo haremos. Junto a Ray, Frank y Mikey, y hasta que nuestra energía, como la de Gerard, llegue a cada rincón de este país.